Lo bueno de tocar fondo es que, a partir de entonces, sólo es posible ascender. Es la única esperanza que se ofrece tras una caída dolorosa por lo que implica de pérdida y abandono.
Con el ferrocarril en Astorga ocurre algo así. Primero el cierre de la línea del Oeste, luego el progresivo abandono de servicios, la reducción de tráficos, la disminución de plantillas, menos viajeros porque menos trenes, y viceversa. El vacío silencioso de los andenes donde sólo arriban los recuerdos impuntuales y gastados. En ese fondo, que suena a fango, debe germinar la esperanza en forma de rebeldía. Un sonoro se acabó, que también vale para las infraestructuras. Un rotundo ya está bien, que resuena en todo el noroeste: en ese triángulo del olvido que se forma entre Gijón, Badajoz y Finisterre. Ahora que es progresista hablar de desigualdad entre territorios debe hablarse del tren vertebrador entre iguales.
Abordar el tráfico de mercancías en vagones, sostenibles, por vías que no pasen siempre por Madrid para aliviar las caras autovías. Trabajar en recuperar lo que tanto costó. Empujar hacia arriba, en disconformidad con la imposición de reptar. Para que retumbe el traqueteo del desacuerdo por la vía rápida.

Fuente: leonoticias.com