Plan

El alcalde ha confirmado la inmediata aprobación definitiva del plan de ordenación urbana de Astorga. Alabado sea el señor; el del cielo que el otro no quiere alabanzas sino proyectos. Una noticia demasiado esperada para desesperación general. Aunque tras tantos lustros de retraso pudiera parecer que la ciudad se ha acostumbrado a vivir sin este instrumento esencial, su ausencia suponía un doble problema. Por un lado, la limitación a cualquier desarrollo urbano, a cualquier iniciativa que requiera soluciones del siglo xxi y no planteamientos del ochenta y cinco del pasado. Y por otro, su argumento como excusa y justificación profunda para no hacer nada, para que poco a poco la ciudad se fuera descolgando de la realidad y, lo que es peor, sin instrumento para su reenganche. El plan dibuja el futuro. Marca las reservas de suelo para lo que pueda venir. Permite crecimiento, al menos sobre el papel, y facilita asiento para desarrollar iniciativas. La aprobación del plan no rescata los proyectos que ya se fueron, que los hubo, pero abre las puertas a los que lleguen, que llegarán. El plan, en definitiva, como logro común de muchas legislaturas y mérito de demasiados padres al que sólo le resta rogar a la virgen de Los Remedios para que no nazca deforme tras un embarazo tan largo.

Imagen: plaza situada en Astorga